El hecho ocurrió en un local ubicado en la esquina de Comercio y Areco, donde dos delincuentes irrumpieron por la fuerza. Según la reconstrucción del caso, uno de ellos rompió de una patada el vidrio del negocio, ingresó al comercio y atacó a la trabajadora. Segundos después entró su cómplice y ambos intentaron reducir a la víctima.
La empleada logró escapar por el mismo sector por el que habían ingresado los asaltantes. Sin embargo, los delincuentes salieron detrás de ella y volvieron a golpearla en la vía pública para intentar retenerla. Pese a la agresión, la mujer consiguió escapar.
Tras el ataque, vecinos de la zona intervinieron y lograron capturar a uno de los sospechosos, un joven de 21 años identificado por sus iniciales como M.G.S., quien luego fue entregado al personal de la Comisaría de Virrey del Pino. El otro delincuente logró escapar y permanece prófugo.
En las imágenes posteriores al robo se escucha a uno de los vecinos increpar al joven retenido. “Pedile perdón a la chica a la que le rompiste la cabeza”, le dijo mientras esperaban la llegada de la Policía.
La causa quedó en manos de la UFI N° 8 del Departamento Judicial de La Matanza, a cargo del fiscal Núñez, quien dispuso la aprehensión del acusado por el delito de robo agravado y ordenó las diligencias correspondientes. Fuentes policiales indicaron que la víctima sufrió lesiones leves como consecuencia del ataque.
La empleada, identificada como Paula, contó en diálogo con El Trece cómo vivió la violenta secuencia. “Entraron salvajes. Cuando me vi sangre en la cara, creí que me había golpeado con el cascote, pero después, al ver el video, me di cuenta de que me habían molido a piñas”, relató.
La mujer también explicó que minutos antes del asalto había revisado las cámaras de seguridad del comercio y no había advertido movimientos sospechosos. “Para mí, estaban al acecho”, señaló.
“Yo estaba tranquila trabajando hasta que el piedrazo me levantó. Estuve encerrada con dos bestias”, agregó la víctima, quien además contó que uno de los delincuentes le pedía que no gritara para no ser descubierto: “El caradura me decía que no gritara”.
Por último, Paula reveló que días antes había sufrido otro episodio de inseguridad. “El fin de semana anterior me amenazaron y me quisieron robar la moto”, sostuvo.